
¿Sabes? Me da igual... No voy a concederte ni un minuto más de mis pensamientos.



Qué daño nos han hecho las películas a las mujeres, que todavía pensamos que nuestro príncipe azul nos está esperando a la salida de casa, con un ramo de rosas rojas y bombones adelgazantes. Pensamos que nuestro príncipe nos va a mantener toda la vida, nos pedirá matrimonio tras un mes de relación, con sexo pasional y entregado, y "sí, mi vida" y "sí, mi cielo" cada vez que te llama, una de esas mil llamadas que te hará en el día, sólo para decirte "te quiero" o "sólo te llamo para saber si estás bien". Ese príncipe guapo, simpático e inteligente, pero no demasiado, por lo menos no más que tú, que en vez de en un caballo cabalga sobre un Ferrari. Qué sólo te mira a ti y no mira de reojo a ninguna pechugona cuando vais felizmente abrazados por la calle. Que te ve cansada cuando llegas de trabajar y ya te ha preparado tu comida preferida, con un mandil y nada más debajo. Ese príncipe que a los dos días ya te ha presentado a toda su familia, y encima te tratan bien. Ese príncipe no existe ni siquiera en las películas. Pero a estas alturas de la vida yo me conformo con la rana. Fuera romanticismos. Croac.
Te invito a mi vida, a mi mente, a conocerme. A rescatarme y que te rescate. Te ofrezco algo nuevo, fresco, divertido. Dame la mano y te enseño el mundo, el mío, el de todos, el de nadie. Pero acércate ya porque a mí pronto se me olvidan las cosas, y la distancia hace perecer mis recuerdos. Ven, no tengas dudas. El ritmo lo dictas tú, tengo paciencia, mucha, demasiada. Te puedo esperar hasta el fin de los días, pero sólo te puedo besar hoy y mañana. Tómalo o déjalo, pero hazlo ya.
Si pudiera pedir un deseo y supiera que se me iba a cumplir, pediría que el mundo girase más rápido, que pasen los meses y que vuelva a ser yo. Quiero salir de este pozo, en el que me he estado ahogando durante años, tragando sin parar un agua muy turbia. Quiero saber que todas todas mis relaciones serán de otra manera, más sincera, mas cercana, más tolerante. Quiero hacerme valer y recuperar mi autoestima, que se quedó atrás en alguna de las mareas. Quiero que mis lágrimas sean merecidas, las de dentro y las de fuera. Quiero poder caminar por la calle con la cabeza bien alta, y no encontrarme el suelo a cada paso. Respeto. Quiero respeto. No quiero hacer daño a la gente, ni que la gente me haga daño a mí. Y reír, reír sin parar, hasta que me duela la barriga, sin tener que fingir. Aguantar la soledad con solera, con tranquilidad, con paciencia, con humor, con ganas... No quiero estar con gente y sentirme sola. No quiero momentos de agobio y de ahogo porque no tengo a nadie que me riña por dejar mi ropa en el sofá. Quiero levantar los brazos y agarrarme al borde de este pozo, del que quiero salir ya, porque desde aquí veo la luna, pero no la puedo tocar...